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viernes, 11 de enero de 2019

Fachada de la Basílica de San Pedro ( Maderno) y plaza de San Pedro ( Bernini), Roma, siglo XVII.



La basílica de San Pedro en Roma es el edificio más representativo de la cristiandad católica y su imagen está absolutamente ligada a la autoridad papal que en ella tiene su sede.
El Barroco va a dotar a la arquitectura de un hasta entonces inexistente sentido escenográfico. Los arquitectos y urbanistas barrocos van a introducir sofisticados efectos jugando con el punto de vista del espectador con el fin de sorprenderlo o dirigir su mirada hacia un punto concreto.  Un ejemplo singular de esto es el de la fachada y la plaza de San Pedro del Vaticano en Roma.
La actual basílica de San Pedro sustituyó a la original paleocristiana cuyo estado a fines del siglo XV era ruinoso. Por esa razón, Julio II impulsó la construcción de una nueva basílica en el emplazamiento de la anterior, encargándole el proyecto a Donato Bramante. Las obras de la basílica se prolongarían durante casi 150 años. Tras el fallecimiento de Bramante, se hizo cargo de las obras Rafael y tras la muerte de éste, Sangallo el Joven. Al morir Sangallo el Joven, Miguel Ángel recibió el encargo de proseguir con los trabajos. Cada uno de los arquitectos había modificado rotundamente el proyecto de su predecesor. La planta, por ejemplo, fue cambiando de cruz griega a cruz latina y Miguel Ángel , bajo cuya supervisión los trabajos avanzaron bastante, volvió a la idea de la planta de cruz griega y diseñó la cúpula tal y como la conocemos, aunque la construcción de ésta la culminaría Della Porta.
A comienzos del siglo XVII, Carlo Maderno, se haría cargo de las obras de la basílica y ampliaría el cuerpo hasta convertir la planta, de nuevo, en una de cruz latina. Además, diseñaría la fachada, concebida como una fachada telón  que no tiene correspondencia con la estructura interior de naves de la iglesia). La fachada aparece articulada por una serie de columnas adosadas y pilastras de orden gigante y capiteles corintios que sostienen un entablamento.  Como es habitual en la arquitectura barroca, la fachada deja de ser una superficie uniforme y continua y aparece formada por unos planos retranqueados y otros que sobresalen y se adelantan. En el centro de la fachada, enmarcando tres de las puertas de acceso a la basílica y los balcones ceremoniales que están sobre éstas en el primer piso, aparece un plano superponiéndose a los otros aún más con cuatro columnas adosadas más adelantadas sosteniendo un entablamento culminado por un frontón triangular. En los planos intercolumnios de la planta baja se abren  5 puertas de acceso al interior, dos hornacinas y dos grandes puertas a los lados, rematadas por arcos y que permiten la circulación entre la plaza y los laterales de la basílica. En la primera planta, se abren balcones y hornacinas. Sobre toda la longitud del entablamento se alza un enorme ático en el que se abren ventanas adinteladas rematado por estatuas en la vertical de cada columna.
 La monumentalidad de la fachada barroca simboliza la solidez de la iglesia. Es además el marco desde el que el papa se dirigirá a la multitud agolpada en la plaza.
La plaza De San Pedro fue concebida por Bernini a mediados del siglo XVII.  El problema a solucionar era complejo ya que había que tener en cuenta la relación con la fachada de la basílica, con la vía que la unía a la ciudad, con el obelisco que había sido erigido en el centro del espacio a finales del siglo XV, y sus múltiples empleos litúrgicos ( Misas multitudinarias, procesiones,…).Su planta es la conjunción de dos formas, una más próxima a la iglesia, trapezoidal y otra más amplia y alejada, oval. Un pórtico imponente con una forma semejante a la de las dos piezas de una tenaza rodea la plaza. Las columnas del pórtico de gran tamaño están talladas en mármol travertino y son de orden toscano. Sin embargo, el entablamento es jónico. En la vertical de las columnas, sobre la cornisa , aparece una balaustrada con pedestales sobre los que se sitúan estatuas de santos. El propio Bernini mencionó que el pórtico se viera como los brazos de una iglesia que acoge amorosa a los fieles que acuden a San Pedro: “La iglesia de San Pedro, cual matriz de todas las demás, debe tener un pórtico que muestre que recibe con los brazos abiertos, maternalmente, a los católicos para confirmarlos en la fe, a los herejes para reunirlos en la Iglesia y a los infieles para iluminarlos hacia la verdadera fe”. Así, mire a donde mire, el fiel situado en la plaza, frente a la basílica, se verá rodeado por esos “ brazos”, la columnata, abrazándolo.
La realización de esta plaza será un hito del urbanismo barroco y un magnífico ejemplo del genio creador de Bernini.

miércoles, 24 de febrero de 2010

San Andrés del Quirinal (1658-1670).Bernini.




San Andrés del Quirinal (1658-1670).Bernini.
Sucediendo a la arquitectura rigurosa, solemne y relativamente austera en cuanto a decoración del final del siglo XVI, las formas barrocas se irán cargando de mayor complicación y dinamismo. Aunque en muchos casos se mantendrán en las fachadas las composiciones basadas en dos cuerpos con aletones a los lados del superior, como ya habíamos visto en la fachada manierista del Gesù de Vignola, y aún antes, en el siglo XV, en la de Santa María Novella de Alberti, ahora éstas van a hacerse más dinámicas, apareciendo, en ocasiones, superficies cóncavas y convexas que juegan con el ángulo de visión del espectador, buscando crear efectos escenográficos de perspectivas fugadas y diagonales. Además, las fachadas tendrán más decoración, apareciendo relieves y hornacinas en las que se situarán esculturas, los frontones se quebrarán y sus perfiles se complicarán, las columnas adosadas se desprenderán del muro y se crearán efectos pictóricos de claroscuro; así, parte de los entablamentos y de los planos de la fachada saldrán hacia delante mientras que otros se retranquearan.
La importancia del templo en el contexto urbano y su presencia primordial en éste que ya había sido proclamada por los grandes arquitectos y teóricos del Renacimiento va a ser subrayada por los creadores barrocos.
En los interiores de los templos también se buscarán los efectos de dinamismo con espacios fluyentes, superficies curvas y decoración mucho más rica y colorista, tanto en el empleo de mármoles de distintas tonalidades, como de dorados y frescos con atrevidos trampantojos en las bóvedas y cúpulas de las cubiertas.
Aunque en Italia habrá grandes focos de desarrollo de la arquitectura barroca en el siglo XVII, el principal de estos va a ser Roma, cuya importancia política y, sobre todo religiosa será enorme. Los papas querrán reforzar su autoridad, puesta en cuestión con el surgimiento y desarrollo del protestantismo en el siglo SXVI, para lo cual querrán reforzar la imagen de Roma como capital de la cristiandad y sede de su poder. De este modo, promoverán la construcción y remodelación de un grandísimo número de iglesias, pero también de fuentes y plazas con los que intentarán articular el complejo tejido urbano romano.
En esta ciudad destacarán arquitectos como Maderno, Pietro da Cortona, Bernini .y Borromini de una de cuyas obras nos ocuparemos a continuación.
Gian Lorenzo Bernini fue además de genial arquitecto, un no menos genial escultor y practicó también la pintura. Bernini, que gozó de la protección y estima de los papas, supo responder al deseo de estos de magnificencia de la Roma que había sabido, tras la contrarreforma, sobreponerse al impacto que había supuesto el protestantismo. Así, fue uno de los que contribuyó a dotar a Roma de esa imagen monumental que aun tiene. Bernini seguirá utilizando los elementos de los órdenes clásicos, con, por ejemplo, pórticos de columnas rematados por un frontón, pero aumentando su imagen monumental, introduciendo efectos de juegos de líneas y adosándoles elementos y muros cóncavos. Para sus iglesias, utilizará, preferentemente, plantas centrales de cruz griega, circular u oval.
Sus principales obras son el Baldaquino de la basílica de San Pedro, la columnata de la Plaza de San Pedro, y la Iglesia de San Andrés del Quirinal, la capilla Cornaro, el palacio Barberini o el Chighi-Odeschalchi, todos en Roma.
Bernini creó en San Andrés del Quirinal una gran sensación de majestuosidad en el espacio relativamente pequeño de esta iglesia. Crea, forzado por ls pequeñas dimensiones del espacio del que disponía, una planta ovalada. El Concilio de Trento había promovido el empleo de la planta de cruz latina en las iglesias en detrimento de las plantas centrales que consideraban erróneamente una indebida imitación de las formas paganas y que sólo se admitirán, como en este caso en los templos de pequeñas dimensiones. La planta ovalada de San Andrés tiene el eje mayor  perpendicular al que une el pórtico con el altar.  En sus muros se abren capillas de distintas anchuras, el altar mayor, aún más ancho y la puerta de entrada, frente a él y de su misma anchura, todos ellos separados por gruesas pilastras. La inspiración en el Panteón de Agripa parece evidente al observar el interior, aunque la mentalidad barroca de Bernini introducirá elementos novedosos como una cúpula dividida en secciones de distinto tamaño con nervaduras que son las prolongaciones de las pilastras antes mencionadas y con casetones hexagonales profusamente decorados, ventanales en su parte inferior y angelotes y pescadores enmarcando la parte superior de dichos ventanales.También destacan  las columnas pareadas y el frontón de arco rebajado y quebrado que enmarcan el altar o los distintos colores de los materiales empleados en todos ellos. En el exterior, de una fachada rematada por un frontón triangular sobresale un pórtico de planta semicircular, coronado con volutas flanqueando el escudo de armas de la familia Pamphili que patrocinó esta construcción que iba ser iglesia del noviciado de la Compañía de Jesús que, como sabemos, fue una de las órdenes religiosas que más se extendió en estos años y que actuó a la vanguardia de la Contrarreforma.

miércoles, 3 de febrero de 2010

San Carlo alle quatro fontane, Roma. 1634-1640. Borromini.



San Carlo alle quatro fontane, Roma. 1634-1640. Borromini.
A finales del siglo XVI van a darse una serie de cambios que van a propiciar la aparición del barroco que se desarrollará a lo largo de todo el siglo XVII y parte del XVIII cuando las formas del barroco derivarán en las, generalmente, más frívolas y recargadas del Rococó. Dentro del barroco veremos estilos y esfuerzos muy diversificados, relacionados con las distintas situaciones políticas, religiosas y económicas que se dan en los distintos países europeos.
Como características más generales del barroco, podemos señalar:
-El interés por lo pictórico que se da en todas las artes.
-Los límites y contornos de las composiciones se borran para dar la impresión de lo ilimitado, inconmensurable e infinito. Va a haber una resistencia contra lo permanente y lo delimitado.
-Lo firme y estable basado en el equilibrio de horizontales y verticales propio del Renacimiento es sustituido ahora en el Barroco por composiciones más dinámicas y complejas.
Aunque las composiciones de los maestros del barroco son más complicadas que las de los renacentistas son a la vez más unitarias ya que así son concebidas desde el principio por éstos.
Sucediendo a la arquitectura rigurosa, solemne y relativamente austera en cuanto a decoración del final del siglo XVI, las formas barrocas se irán cargando de mayor complicación y dinamismo. Aunque en muchos casos se mantendrán en las fachadas las composiciones basadas en dos cuerpos con aletones a los lados del superior, como ya habíamos visto en la fachada manierista del Gesù de Vignola, y aún antes, en el siglo XV, en la de Santa María Novella de Alberti, ahora éstas van a hacerse más dinámicas, apareciendo, en ocasiones, superficies cóncavas y convexas que juegan con el ángulo de visión del espectador, buscando crear efectos escenográficos de perspectivas fugadas y diagonales. Además, las fachadas tendrán más decoración, apareciendo relieves y hornacinas en las que se situarán esculturas, los frontones se quebrarán y sus perfiles se complicarán, las columnas adosadas se desprenderán del muro y se crearán efectos pictóricos de claroscuro.
La importancia del templo en el contexto urbano y su presencia primordial en éste que ya había sido proclamada por los grandes arquitectos y teóricos del Renacimiento va a ser subrayada por los creadores barrocos. La pugna entre las variantes renacentistas para decidir que tipo de configuración de planta va a ser más adecuada se decantará a partir de Trento, por la de cruz latina debido a cuestiones puramente teológicas: San Carlos Borromeo, haciendo una lectura equivocada y limitada de la tradición, dirá que las iglesias de cruz latina se adaptan mejor a la tradición mientras que las de planta circular se utilizaban en la antigüedad para templos paganos. La planta central quedará para los pequeños espacios mientras que los grandes templos utilizarán un esquema longitudinal. En cualquier caso, en los interiores de los templos también se buscarán los efectos de dinamismo con espacios fluyentes, superficies curvas y decoración mucho más rica y colorista, tanto en el empleo de mármoles de distintas tonalidades, como de dorados y frescos con atrevidos trampantojos en las bóvedas y cúpulas de las cubiertas.
El urbanismo también tendrá mucha importancia en unas ciudades que son imagen del poder absoluto de los monarcas o del Papa que se ejerce desde ellas. Así, aunque algunas estén muy condicionadas por su configuración anterior, se intentarán aplicar esquemas más racionales y las plazas y las fuentes situadas en ocasiones en éstas cobrarán gran importancia (plaza se San Pedro y Plaza Navona en Roma, Palais Royal en Paris,....).
Aunque en Italia habrá grandes focos de desarrollo, el principal de estos va a ser Roma, cuya importancia política y, sobre todo religiosa será enorme. Los papas querrán reforzar su autoridad, puesta en cuestión con el surgimiento y desarrollo del protestantismo en el siglo SXVI, para lo cual querrán reforzar la imagen de Roma como capital de la cristiandad y sede de su poder. De ete modo, promoverán la construcción y remodelación de un grandísimo número de iglesias, pero también de fuentes y plazas con los que intentarán articular el complejo tejido urbano romano.
En esta ciudad destacarán arquitectos como Maderno, Pietro da Cortona, Bernini.y Borromini de una de cuyas obras nos ocuparemos a continuación.

Mientras que Bernini, respetaba las reglas generales de la composición, Francesco Borromini, que en el inicio de su carrera colaboró con él entre otras cosas en el diseño del baldaquín de San Pedro, rompió casi todas , inventando elementos nuevos, haciendo que los entablamentos y cornisas se curvaran y que aparecieran nuevas bóvedas nervadas y cúpulas elípticas, plantas de estrella u oval y otros elementos que suplirán una cierta carencia de medios en comparación con Bernini, con una imaginación desbordante.
Borromini edificó iglesias como Sant Agnese , Sant´ Ivo alla Sapienza, San Carlo alle quatro fontane, y el Oratorio de San Felipe Neri todos ellos en Roma.
San Carlo alle quatro fontane ocupa un pequeño solar en el que Borromini debió edificar un pequeño convento con claustro, jardín e iglesia. Es en dicha iglesia dónde se revela más claramente el genio creador de Borromini.
La fachada de ésta, realizada en piedra se divide en dos cuerpos, levantándose como un decorado (el segundo orden no se corresponde en profundidad con el interior) buscando crear un efecto teatral. En cada uno de los cuerpos se combina un piso pequeño con uno de orden gigante y se divide en tres calles; en el cuerpo inferior las calles laterales son cóncavas y la central convexa y en el superior las tres calles son cóncavas, insertando en la central una especie de garita cilíndrica como prolongación de la superficie convexa inferior. las columnas de la fachada son versiones modificadas por Borromini de las de orden jónico en el cuerpo inferior y de las de orden corintio en el superior.
La planta deja de ser simétrica, se juega con el chaflán de la esquina en el que se dispone una fuente y el interior de la iglesia, de planta romboidal, es muy pequeño. En el interior domina el color blanco y se alternan las superficies murales rectas y cóncavas en las que se abren hornacinas a distintas alturas. Dicho interior aparece cubierto con una cúpula de base elíptica así como con un sistema de cuatro originales semicúpulas más bajas.
La cúpula de base elíptica antes mencionada tiene casetones octogonales, hexagonales y cruciformes alternándose y decreciendo de tamaño a medida que ascienden en la superficie de la cúpula y generando cierta sensación de inmaterialidad. En el plano superior de la linterna que remata la cúpula aparece la paloma, símbolo del Espíritu Santo en una disposición efectista y teatral que juega con la luz que entra por dicha linterna.
Borromini ha sido valorado como uno de los arquitectos más importantes y creativos del barroco, gracias a proyectos como éste. Sin embargo, él siempre arrastró cierta frustración por considerar que no se le otorgaban proyectos dignos de su creatividad, lo que, parece ser, le empujó al suicidio.