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domingo, 14 de junio de 2015

El Descendimiento. Roger Van der Weyden. 1436.

En el siglo XV  Flandes era una región de Europa que había alcanzado un gran desarrollo económico ligado a las actividades comerciales y a la realización de paños de lana muy apreciados. Esto hizo florecer una burguesía que se añadirá a la aristocracia y al clero como cliente de los pintores locales. Así, los burgueses demandarán retratos o cuadros de temática religiosa de pequeño formato para sus viviendas y obras de más gran tamaño también de temática religiosa que donarán a iglesias y monasterios. 
Aunque contemporánea de la pintura Renacentista del Quattrocento italiano, podemos considerar todavía  a la pintura flamenca del siglo XV como culturalmente gótica ya que en vez de buscar una composición unitaria basada en la relación armónica de los elementos que componen la imagen, crean una imagen construida por sumandos que proviene de una mirada que parece mostrar interés por representar con precisión todo lo que aparece ante sus ojos e impone una visión dinámica al espectador que contempla la obra.
 Roger van der Weyden fue uno de estos genios de la 1ª generación de los pintores flamencos del siglo XV. Se sabe que nació en la ciudad de Tournai, en el norte de Francia hacia 1399  y que se formó en esa misma ciudad como aprendiz en el taller de Robert Campin, otro de los pintores más notables de ese periodo. Posteriormente se estableció en Bruselas dónde fue nombrado en 1436 pintor de la ciudad. Gozó de cierto reconocimiento internacional y así, se sabe que viajó a Italia, dónde su obra despertó el interés de algunos mecenas y artistas. Murió en Bruselas en 1464. 
 En las obras de Van der Wayden vemos el representativo gusto por el detalle de la pintura flamenca, aunque quizás no tan exagerado como el de los Van Eyck, y un interés por lo dramático, buscando despertar la emoción de quien contemple sus obras, característico del gótico final.  Entre sus obras más conocidas podemos destacar, además de este Descendimiento, el Altar de los Siete Sacramentos, el Tríptico de Miraflores, el Tríptico de la familia Braque, el Políptico del Juicio Final, el Calvario o Crucifixión de Scheut( recientemente restaurado) o el retrato de Anthony Burgundy.
 El Descendimiento es un óleo sobre tabla de tamaño grande 262 cm de ancho por 220 de alto  con un peculiar formato de T invertida. Esta es , en realidad la tabla central de un tríptico cuyas alas laterales  se han perdido. 
 Como es habitual, el cuadro está pintado tras una muy cuidadosa preparación e imprimación de las tablas que forman el soporte y en base a un minuciosísimo dibujo. La innovadora técnica del óleo, adoptada y generalizada por los pintores flamencos,  permite que el color se aplique muy cuidadosamente, respetando ese dibujo previo por medio de suaves e imperceptibles pinceladas y transparentes veladuras que crean una superficie pictórica homogénea en la que no hay valoración de lo pictórico. La técnica del óleo le permite además, demostrar un extraordinario virtuosismo técnico al reproducir detalles como las lágrimas que se deslizan por los rostros de La Virgen María, San Juan Evangelista, María Salomé( a la izquierda de Cristo)   y de María de Cleofás ( la anciana más a la izquierda de la imagen) o el alfiler  del tocado de esta última,  los lujosos adamascados dorados y el cuello de visón del abrigo de Nicodemo ( a la derecha de Cristo), la hebilla del cinturón de María Magdalena ( a la derecha del cuadro) o las diminutas ballestas que aparecen en las tracerías de las esquinas superiores, alusión a la Hermandad de Ballesteros de Lovaina que encargó el retablo. La luz difusa crea un claroscuro que permite modelar las figuras, de un tamaño próximo al natural, y generar la sensación de volumen de éstas. En este sentido, es llamativo el tratamiento de los pliegues de los vestidos y el exquisito modelado de rostros y manos.
El color es muy rico y destaca la intensidad del azul lapislázuli del vestido de la Virgen  o el empleo del dorado del fondo.  Puede sorprender el empleo de dicho color  dorado aunque esto tiene un sentido ya que en vez de situar las figuras en el paisaje del Calvario, Van Der Weyden las representa como si fueran las esculturas de un retablo situadas en un nicho de éste.  De hecho, las tracerías de las esquinas superiores buscan también generar esa sensación, de manera que podríamos entender el cuadro como un enorme trampantojo en el que se representa un grupo escultórico policromado situado en un nicho.  Además, Van der Weyden no crea un fondo dorado uniforme sino que, por medio de diminutas pinceladas de negro y rojo aplicadas sobre él, pretende generar efectos de sombras proyectadas sobre esa superficie. Respecto al color podemos señalar también el tono ceniciento del rostro y manos de la Virgen como si el pintor quisiera establecer un paralelismo entre la Pasión de Cristo y el insoportable dolor por la muerte del hijo padecido por su Madre.
 En la composición llama la atención el juego de líneas curvas y oblicuas ( las del cuerpo inerte de Cristo, la de la Virgen  desmayada a los pies de la cruz o de las curvas de los cuerpos de San Juan Evangelista, con túnica roja a la izquierda de la imagen y de María Magdalena,  como hemos dicho a la derecha ,como una especie de paréntesis que agrupan la composición. Es destacable también la diagonal que partiendo de la mirada de Nicodemo pasa por las manos inanimadas de Cristo y la Virgen y acaba en un pie de San Juan Evagelista, la otra mano de la Virgen y , por ultimo, la calavera que puede ser la calavera de Adán, simbolizándose así la redención ,por medio de la muerte de Cristo, del Pecado Original.
 Las posturas, gestos de dolor y rostros compungidos y tristes de los personajes son característicos de este periodo del Gótico en el que por medio de las expresiones patéticas de los personajes se pretende incidir en el ánimo del espectador , provocando la piedad por el sufrimiento padecido por Cristo y el dolor de su Madre.


Como hemos dicho, el Cuadro fue encargado por la Hermandad de ballesteros de Lovaina para la iglesia de Santa María Extramuros de la ciudad. En el siglo XVI fue adquirido por María de Hungría, hermana del emperador Carlos V, a cambio de un órgano y una copia del cuadro realizada por un pintor del siglo XVI. Más adelante, fue comprada a ésta por Felipe II, su sobrino, y así , tras sufrir un naufragio cuando lo traían a España y ser recuperado sin sufrir demasiados daños, llegó al Palacio de El Escorial. Tras el final de la Guerra Civil, se trasladó al Museo del Prado dónde podemos admirarlo junto a otros magníficos ejemplos de pintura flamenca.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El Jardín de las Delicias. El Bosco.


El Jardín de las Delicias. El Bosco.

Durante el siglo XV, el despegue económico de la burguesía flamenca propició unas condiciones ideales para el desarrollo del arte en esta región. Además de los clientes tradicionales -Iglesia y aristocracia-, el artista flamenco va a recibir encargos de la enriquecida clase burguesa. Estos demandaban, por lo general, obras de menor tamaño lo que hacía que el género de la pintura de caballete y el retrato sufriesen un desarrollo espectacular. Además, la influencia del estilo internacional a través de los artistas que trabajaban en las cortes de los duques de Berry y de Borgoña sería uno de los puntos de partida de este estilo. La principal aportación técnica radicó en la utilización de la pintura al óleo, esto es, la que aglutina los pigmentos con el aceite de linaza. La estética de la pintura flamenca, aun siendo contemporánea de la del Quattrocento italiano, está más próxima al gótico que al Renacimiento. Los cuadros flamencos, con el minuciosísimo tratamiento dedicado a cada uno de los elementos representados, no se componen subordinando los elementos a una composición unitaria y equilibrada, buscando la belleza en ese ideal clásico, sino añadiendo esos infinitos elementos y detalles que están motivados por una visión no fija, sino dinámica, oscilante y puntillosa que construye la imagen de la realidad por sumandos y que provocan una visión igual a la que la ha provocado.
Hyeronimus Bosch, El Bosco, fue un pintor flamenco que trabajó en las últimas décadas del siglo XV. Su trabajo es de una enorme personalidad y destaca por como la minuciosidad del tratamiento pictórico se pone al servicio de temas de carácter moralista, poblados de monstruos y personajes extraños que parecen provenir del mundo de los sueños; lo que hizo que en el siglo XX su obra fuera considerada como un precedente de los artistas surrealistas. Además de “ El Jardín de las Delicias”, otras obras de “ El Bosco” son “ El Carro de Heno” y “ Las Tentaciones de San Antonio”.

El Jardín de las Delicias es un gran tríptico ( abierto mide 390 x220 cm y su panel central 195 x220 cm..) pintado al óleo.
El pintor ha aplicado cuidadosamente las pinceladas, muchas de ellas pequeñísimas para poder reproducir la gran cantidad de pequeñísimos detalles, haciendo que se fundan unas con otras y creando una superficie pictórica absolutamente homogénea.
El panel central tiene el doble de anchura que los laterales de modo que éstos pueden cerrarse completamente sobre aquel.
El tema del Jardín de las delicias aparece en el panel central , mientras que en el panel derecho abierto aparece el Infierno y en el lado izquierdo el Paraíso o el Jardín del Edén en el último día de la creación..
Los paneles cerrados muestran la creación del Mundo en su tercer día.
La gama de colores empleada es muy amplia en los paneles del Paraíso y del Jardín de las Delicias en los que dominan los tonos verdes amarillentos, azules y carnes de las figuras, creando una sensación de armonía )y del Infierno ( en el que destacan los cálidos rojos y pardos y los tonos marrones y negros que dan una apariencia tétrica y terrible a la escena), aunque en la imagen de la ”Creación del mundo “ que aparece con el tríptico cerrado, ésta se limita a colores fríos como grises y tonos grisáceos o poco saturados de azules y verdes,
A pesar de que el cuadro sea contemporáneo de algunas de las obras maestras del renacimiento italiano ( como las de Leonardo da Vinci), la composición es uno de los elementos que más claramente nos lo sitúa dentro de una estética aún gótica ya que en ésta, su gran cantidad de detalles y la grandísima minuciosidad con la que aparecen representados nos exige una mirada dinámica que circule por la imagen extrayendo e interpretando datos de la multitud de escenas y figuras, de modo que la imagen que quedará en nuestra mente de dicho cuadro se construirá por sumandos de las distintas y detalladas visiones parciales y será tanto más completa cuanto más minuciosa y atenta haya sido también nuestra observación.
Sin embargo, aunque las escenas parezcan representadas sin obedecer a ningún tipo de ordenación espacial sí que podemos apreciar que en todas las escenas aparecen elementos o ejes en torno a los cuales parecen articularse la multitud de figuras representadas (las fuentes en la primera tabla, los estanques en la segunda, y el hombre-árbol y la zanfoña en la tercera).
El Bosco emplea un sutil claroscuro, producto de representar las escenas bajo lo que parece una iluminación difusa, que le permite generar la sensación de volumen de los elementos y figuras representados En las imágenes, El Bosco emplea una perspectiva cónica, colocando siempre la línea del horizonte muy alta para lograr profundidad y poder poner sucesivos planos en los que sitúa las distintas escenas y grupos de personajes.
Como hemos dicho, los dos paneles laterales forman al cerrarse la imagen del tercer día de la Creación del mundo. El Bosco pinta aquí una esfera transparente dentro de la cual aparece una tierra aún plana símbolo, según parece, de la fragilidad del universo. Sólo se representan formas vegetales y minerales, no hay animales ni personas. Los tonos grisáceos empleados pueden aludir a que se trata de un mundo todavía sin sol ni luna.
Al abrirse, el tríptico representa, en su panel izquierdo, una imagen del Paraíso donde se representa el último día de la creación, con Dios que presenta Eva a Adán, Aunque la escena es aparentemente armónica distintos animales aparecen persiguiéndose o combatiendo entre si y algunos de éstos, los bichos e insectos terrestres y acuáticos, parecen aludir al pecado femenino ( la tierra y el agua son vistos como elementos receptores, fecundos y pasivos) y los pájaros, murciélagos y otros animales voladores representan el pecado masculino ( el aire y el fuego se interpretan como elementos activos y fecundadores). De este modo, la escena del paraíso aparece como preludio de la lujuria y el pecado desatados en el panel central del Jardín de las delicias. Además, una palmera representa el árbol del bien y del mal ya que en torno a ella aparece la serpiente del pecado y éste se enriza en una roca con forma antropomórfica que puede representar al demonio ocultando su presencia.
La tabla central es el Jardín de las delicias, propiamente dicho; mide 220 cm de alto por 195 de ancho. En ella se representa un falso paraíso en el que la humanidad ya ha sucumbido en pleno al pecado, especialmente a la lujuria, y se dirige a su perdición. Decenas de símbolos diferentes, algunas de cuyas claves solo se pueden intuir, pueblan este espacio en el que la locura se ha apoderado del mundo. Aparecen tanto hombres como mujeres, blancos y negros, desnudos, protagonizando todo tipo de relaciones sexuales. Además, aparecen también relaciones eróticas o sexuales entre animales, e incluso entre plantas.
El grupo de personas montadas sobre animales que rodean el estanque en el que están mujeres desnudas simboliza la humanidad guiada por sus instintos (los animales) acercándose a la lujuria y la concupiscencia (simbolizadas por el estanque y las mujeres).
Las frutas representadas simbolizan la fugacidad del placer carnal ya que éstas pueden pasar en unos días de la plenitud de la madurez a estar podridas. Los animales representados con unas dimensiones agrandadas y en posición invertida pueden simbolizar que, aunque lo parezca, éste no es el Paraíso y aludir a la idea de que nada es lo que parece.
El postigo o panel de la derecha representa el Infierno que aparece como un paisaje onírico, demoníaco, opresivo, de innumerables tormentos.
En primer plano aparecen a la izquierda grupos de jugadores con dados, naipes, tablero de backgammon, que están siendo atormentados por demonios en medio de un gran caos, lo que alude a la pereza, la lujuria, y la gula. A la derecha, se ve a un hombre abrazado por un cerdo con velo de monja, probablemente aludiendo a la lujuria. Este panel es conocido también como El infierno musical, ya que en un segundo plano aparecen múltiples representaciones de instrumentos musicales asociados a terribles torturas infernales a las que está expuesta la Humanidad. Se ignora por qué El Bosco asocia la música con el pecado. También aparece un monstruo demoniaco, que podría ser Satanás, con cabeza de pájaro devorando a los pecadores que luego son defecados en un pozo en el que otros personajes vomitan inmundicias o excrementan oro, esto último quizá como alusión a la avaricia. Bajo el manto del mismo monstruo una mujer desnuda es forzada a mirarse en un espejo convexo colocado en las nalgas de un demonio, aludiendo al pecado de la soberbia.
Algo más atrasado, aparece un lago helado en el que el hielo se resquebraja y sobre el que patinan varios personajes (quizás sea una alusión a la idea medieval del tormento infernal del contraste entre frío y calor). Uno de los motivos más llamativos de la composición, una especie de hombre- árbol en cuyo tórax hueco se sitúa un grupo de personas y sobre cuya cabeza bailan pequeños monstruos en torno a una gaita.
En el fondo aparece una ciudad en llamas. .
Como vemos, el objetivo principal de El Bosco es, como en otras ocasiones el de moralizar, utilizando imágenes de una imaginación desbordante que enlazan con la tradición medieval que se servía de la deformación y la caricatura para aludir al pecado y la perversión de los seres.

domingo, 22 de noviembre de 2009

El matrimonio Arnolfini .Jan Van Eyck.1434.



El matrimonio Arnolfini es uno de los cuadros más característicos y conocidos de la pintura flamenca del siglo XV y tanto sus características técnicas como el tema son absolutamente representativos de ésta. Fue pintado en 1434 por Jan Van Eyck , uno de los más reconocidos pintores de este periodo, que es considerado además como el introductor de la pintura al óleo. Van Eyck fue el autor, además, de otras importantísimas pinturas como son La Virgen del Canciller Rolin, La Virgen del canónigo Van Der Paele o el Altar de Gante ( También llamado “ La Adoración del cordero místico”).
Flandes era en el siglo XV un territorio dependiente del ducado de Borgoña, en el que la burguesía había adquirido un enorme desarrollo gracias, entre otras cosas a la elaboración de suntuosos tejidos y al comercio. Esto provocará que dicha clase burguesa comience a encargar obras de arte como signo del status económico adquirido. Así, encargará a los pintores pinturas de mediano y pequeño tamaño que instalarán en sus viviendas. Los temas de estas pinturas eran retratos u obras de carácter religioso.
El matrimonio Arnolfini es un óleo sobre tabla en el que apreciamos la extraordinaria técnica pictórica de Van Eyck. Se trata de un cuadro de tamaño mediano en el, sobre un dibujo previo de una gran minuciosidad el pintor ha ido aplicando las pinceladas cuidadosísimamente de manera que parecen fundirse sin que podamos apreciar su recorrido, creando además una superficie pictórica absolutamente homogénea, por lo que podemos decir que no existe una valoración de lo pictórico, si por ello entendemos el juego entre las diferentes calidades, texturas, y densidades de la superficie pictórica.
Todo en la imagen aparece reproducido completamente enfocado, con una virtuosísima minuciosidad, tanto los elementos del primer plano como los del fondo, reflejando la voluntad del pintor de representar todo con absoluto cuidado. El pintor parece conceder la misma importancia a las figuras principales del matrimonio que a detalles aparentemente secundarios como la escobilla o el espejo que penden de la pared del fondo. Precisamente este aparecer todo perfectamente enfocado hace que, aunque el tratamiento individual de cada elemento representado en la imagen sea absolutamente naturalista, la imagen del conjunto no lo sea tanto ya que, por ejemplo, los objetos del fondo deberían tener unos contornos menos definidos, unos detalles más difuminados y unos colores menos intensos que los del primer plano. En este interés por representar todo minuciosísimamente, prestando el mismo interés a cualquier detalle, tanto de las figuras principales como  de los elementos del fondo,  vemos un reflejo de esa sensibilidad gótica que parece dirigir todavía la mirada del pintor.
El espacio está representado por una especie de perspectiva cónica en la que la posición y relación de los personajes y objetos en el espacio en el que están situados es bastante coherente, aunque dicha perspectiva sea todavía de raíz intuitiva y no alcance la perfección geométrica de la desarrollada en Italia más o menos en el mismo periodo.
La composición es estable, los gestos algo rígidos, solemnes y ceremoniosos, y la iluminación perfectamente reproducida por medio del color, parece provenir de las ventanas situadas a la izquierda de la imagen creando un claroscuro bastante acusado que modela perfectamente las figuras y crea una intensa sensación de volumen.
El tema del cuadro es también característico de la pintura flamenca del siglo XV ya que se trata, evidentemente, del retrato de un matrimonio burgués situado en el interior de su propia casa.
El hombre, Giovanni Arnolfini fue un comerciante italiano establecido en Brujas dónde prosperó. El historiador Edwin Panofsky sostuvo que la imagen representa el momento del matrimonio entre éste y su prometida. Muchos de los elementos representados con tanto cuidado parecen aludir a esto. El marido con expresión grave está bendiciendo a su mujer. Ella aparece con la mano sobre su abultado vientre (aunque realmente no estuviese embarazada), aludiendo a la fertilidad como finalidad del matrimonio. También la cama alude a esto como lugar de la procreación, dónde se nace y se muere. El espejo convexo solía colocarse en Flandes cerca de las ventanas o puertas para espantar la mala suerte y es un prodigio de minuciosidad ya que sólo tiene 5´5 cm. de diámetro. En él aparecen reflejados no sólo estos personajes sino otras dos figuras que bien podrían ser el sacerdote y un testigo de la ceremonia. Además, alrededor del espejo aparecen doce medallones de 1´5 cm de diámetro en los que se identifican perfectamente los episodios de la pasión de Cristo. El perro situado a los pies de la mujer puede aludir a la fidelidad que ella debe mantener a su marido. Los rosarios eran un presente habitual del marido a su esposa y simbolizan la obligación de ser piadosa de ésta.
Los zuecos en el suelo representan el vínculo con el hogar.
Otros objetos aluden al bienestar material alcanzado por la pareja. Así, las ricas vestimentas con carísimos apliques de armiño, la lujosa cama, las naranjas del alfeizar ( que eran un objeto de lujo en el Norte de Europa ya que provenían del sur), la alfombra que parece provenir de Turquia o la lámpara , verdadero prodigio en la representación de los brillos metálicos.
El matrimonio Arnolfini es por estas y otras muchas razones uno de los más representativos de la pintura flamenca y un hito de la pintura . En la atención a los efectos lumínicos creados en el interior de la habitación podríamos ver un lejano precedente de pintores posteriores como el barroco holandés Vermeer.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La Virgen del Canciller Rolin de Jan Van Eyck


La Virgen del Canciller Rolin de Jan Van Eyck es una de las obras maestras de la pintura flamenca del siglo XV.
Durante el siglo XV el despegue económico de la burguesía flamenca propició unas condiciones ideales para el desarrollo del arte en esta región. Además de los clientes tradicionales -Iglesia y aristocracia-, el artista flamenco va a recibir encargos de la enriquecida clase burguesa. Estos demandaban, por lo general, obras de menor tamaño lo que haría que el genero de la pintura de caballete y el retrato sufriesen un desarrollo espectacular. Además, la influencia del estilo internacional a través de los artistas que trabajaban en las cortes de los duques de Berry y de Borgoña sería uno de los puntos de partida de este estilo.
La principal aportación técnica radicó en la utilización de la pintura al óleo, esto es, la que aglutina los pigmentos con el aceite de linaza. Las ventajas del aceite de linaza respecto a otros aglutinantes son muchas: al adquirir los colores más brillantez y al poder superponer dos o más colores en finas capas que se transparenten (veladuras) se puede obtener un mayor enriquecimiento de la gama cromática y de los matices de los tonos. Además, la posibilidad de variar su fluidez y de controlar los secados, permite tratar las imágenes con una minuciosidad extraordinaria, atendiendo al detalle, en lo que el pintor flamenco sería todo un virtuoso.
Pintores contemporáneos de Jan Van Eyck fueron su hermano Hubert ( que colaboró con él y falleció prematuramente), Roger Van Der Weyden y Robert Campin (llamado Maestro de Flémalle) Jan Van Eyck, iniciador de la técnica al óleo, fue el autor de obras de una técnica minuciosísima como La Virgen del canciller Rolin, La Virgen del Canónigo Van Der Paele, el matrimonio Arnolfini y, junto a su hermano Hubert, el altar de Gante, llamado también La adoración del cordero místico.
La Virgen del Canciller Rolin es un cuadro pintado al óleo sobre tabla.La Composición se dispone simétricamente respecto al eje vertical de la imagen. Ala izquierda aparece arrodillada la figura del Canciller en actitud de orar ante la Virgen que aparece a la derecha sosteniendo al Niño mientras un ángel sostiene una corona que la muestra como soberana celestial.Los elementos arquitectónicos que enmarcan la escena , también simétricamente dispuestos, sugieren que ésta se produce en un salón de un palacio.La perspectiva es una pesrpectiva cónica intuitiva y no del todo correcta ya que los personajes del primer plano son quizás demasiado grandes respecto al espacio en el que e sitúan.
Las pinceladas, a menudo fínísimas, y que reproducen con enorme precisión cada mínimo detalle, se aplican creando veladuras con las capas anteriores y fundiéndose entre si, de modo que no podemos apreciar el recorrido de éstas sobre la superficie del cuadro. La iluminación es difusa y el claroscuro, aunque no muy acusado, permite modelar los cuerpos y generar la sensación de volumen de éstos. El empleo del óleo permite a Van Eyck una minuciosidad extraordinaria y una precisión absoluta en el tratamiento de las diferentes texturas y elementos. Se otorga la misma minuciosidad en el tratamiento al rostro de los personajes principales que a la ciudad del fondo o a los pequeñísimos personajes que la recorren ( los personajes que atraviesan el puente de la ciudad al fondo de la imagen tienen unos 3 mm. de altura y se distingue en ellos la cabeza , el tronco y las piernas). De este modo, podemos decir que , aunque en el tratamiento individual de los distintos elementos es muy naturalista, la imagen en su conjunto no lo es ya que en ella aparece todo absolutamente enfocado y con semejante minuciosidad y en la realidad al enfocar el miotivo principal el resto debería quedar ligeramente desenfocado.Además, y esto es muy importante, la estética de la pintura flamenca, aun siendo contemporánea de la del Quattrocento italiano, está más próxima al gótico que al Renacimiento. Los cuadros flamencos no se componen subordinando los elementos a una composición unitaria y equilibrada, buscando la belleza en ese ideal de armonía y equilibrio clásicos, sino añadiendo infinitos elementos y detalles que están motivados por una visión no fija, sino dinámica, oscilante y puntillosa que construye la imagen de la realidad por sumandos y que provocan una visión igual a la que la ha generado, es decir, obteniéndose un resultado que se recorre, que se lee.
Aunque aparentemente parezca un cuadro religioso, la intención del que lo encargó, que fue el propio Canciller Rollin, es la de ensalzar su capacidad para el cargo de Canciller ( Una especie de primer ministro de la época), al mostrarse como un hombre piadoso que ora arrodillado ante la Virgen, Así se supone que su piedad es ejemplo de su virtud y le llevará a ser inspirado por Dios y la Virgen en sus decisiones
Van Eyck fue el pintor oficial de la corte de Felipe el Bueno de Borgoña. Consta que en 1428 realizó un viaje a España dónde la influencia de la pintura flamenca será enorme ya que surgirá un estilo al que se denominará Hispano-flamenco.
Pero la influencia de la pintura flamenca alcanzará toda Europa. También en Francia o Alemania veremos como los pintores de esto países incorporarán los procedimientos pictóricos y tratamientos de la imagen flamencos en su pintura. Además, también en la Italia renacentista veremos como se introducirá el empleo del óleo y como algunos pintores introducirán fondos mas minuciosos en sus imágenes o como los pintores venecianos realizarán un tipo de retrato más naturalista, influido por el de la pintura flamenca.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Jan Van Eyck. La Virgen del canciller Rolin.1435.



Jan Van Eyck. La Virgen del canciller Rolin.1435. .
En Flandes,durante el siglo XV el despegue económico de la burguesía propició unas condiciones ideales para el desarrollo del arte en esta región. Además de los clientes tradicionales -Iglesia y aristocracia-, el artista flamenco va a recibir encargos de la enriquecida clase burguesa.Ésta demandaba, por lo general, obras de menor tamaño lo que hacía que el genero de la pintura de caballete y el retrato sufriesen un desarrollo espectacular. Además, la influencia del estilo internacional a través de los artistas que trabajaban en las cortes de los duques de Berry y de Borgoña sería uno de los puntos de partida de este estilo.
La principal aportación técnica radicó en la utilización de la pintura al óleo, esto es, la que aglutina los pigmentos con el aceite de linaza. Las ventajas del aceite de linaza respecto a otros aglutinantes son muchas: al adquirir los colores más brillantez y al poder superponer dos o más colores en finas capas que se transparenten (veladuras) se puede obtener un mayor enriquecimiento de la gama cromática y de los matices de los tonos. Además, la posibilidad de variar su fluidez y de controlar los secados, permite tratar las imágenes con una minuciosidad extraordinaria, atendiendo al detalle, en lo que el pintor flamenco sería todo un virtuoso.
Jan Van Eyck, al que se considera iniciador de la técnica de la pintura al óleo, fue el autor de obras de una técnica minuciosísima como esta Virgen del canciller Rolin, La Virgen del Canónigo Van Der Paele, el matrimonio Arnolfini y, junto a su hermano Hubert, el altar de Gante, llamado también La adoración del cordero místico.Van Eyck fue además el pintor oficial de la corte de Felipe el Bueno de Borgoña. Consta que en 1428 realizó un viaje a España.

La Virgen del Canciller Rolin es una de las obras maestras de Van Eyck. Pintada al óleo, sus pinceladas, a menudo fínísimas, y que reproducen con enorme precisión cada mínimo detalle, se aplican creando veladuras con las capas anteriores y fundiéndose entre si, de modo que no podemos apreciar el recorrido de éstas sobre la superficie del cuadro. La iluminación es difusa y el claroscuro, aunque no muy acusado, permite modelar los cuerpos y generar la sensación de volumen de éstos. En él destaca la absoluta minuciosidad y precisión en el tratamiento de las diferentes texturas y elementos. Se otorga la misma minuciosidad en el tratamiento al rostro de los personajes principales que a la ciudad del fondo o a los pequeñísimos personajes que la recorren. El empleo del óleo permite a Van Eyck pintar en el puente personajes que no tienen ni tres milímetros de alto. La imagen no está compuesta al modo racional renacentista, supeditando o subordinando los diferentes elementos que la componen a un todo unitario,como lo hacen sus contemporáneos florentinos, sino que se construye por coordinación de los diferentes elementos, por sumandos, obteniéndose un resultado que se recorre, que se lee, siendo producto y provocador de una mirada más dinámica. Podemos decir que aunque el tratamiento de cada elemento o personaje de la imagen es en si mismo naturalista, el resultado, con todo enfocado y representado con semejante minuciosidad no lo es, ya que se distancia de una imagen real. Además, la perspectiva no es todavía del todo correcta.
Aunque aparentemente parezca un cuadro religioso, la intención del que lo encargó, que fue el propio Canciller Rolin, es la de ensalzar su capacidad para el cargo de Canciller ( Una especie de primer ministro de la época), al mostrarse como un hombre piadoso que ora arrodillado ante la Virgen, Así se supone que su piedad es ejemplo de su virtud y le llevará a ser inspirado por Dios y la Virgen en sus decisiones.