martes, 16 de febrero de 2010

Palacio de Carlos V en la alhambra de Granada. Pedro Machuca. A partir de 1527.



El siglo XVI es la época del encumbramiento de España como gran potencia mundial. El comienzo de la explotación de las colonias americanas y la extensión de los territorios europeos aportados por la casa de los Austria a la corona, así como la participación de ésta en los conflictos políticos y religiosos europeos y las consiguientes intervenciones militares harán que, como hemos dicho, España sea la gran potencia del momento. Esto influirá en el desarrollo del arte, ya que el florecimiento económico y político conllevará la aparición de gran cantidad de encargos. Además, la vinculación con Flandes de un lado y las intervenciones políticas y militares en Italia de otro, contribuirán a que las formas producidas en estos lugares influyan en las peninsulares.
Durante el siglo XVI el arte gótico dará sus últimos coletazos pero a la vez, las formas renacentistas italianas se introducirán prontamente en España a comienzos de este siglo, principalmente por la Andalucía mediterránea y el Este peninsular. También se hará bastante común que artistas españoles se formen en Italia (algunos, como Pedro Berruguete tan tempranamente como hacia 1480), y que, asimismo, artitas italianos acudan a España a trabajar.
Además, de la fusión de formas góticas isabelinas con algunos elementos renacentistas surgirá un estilo denominado plateresco que se caracteriza por su profusa decoración y que se extenderá con éxito por el norte peninsular.
El edificio que más rotundamente ejemplifica la implantación de las formas renacentistas en España es el Palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada.
Tras su matrimonio con Isabel de Portugal, Carlos V quiso construirse una residencia adecuada en la Alhambra de Granada que ya había sido utilizada como residencia real por el mismo y por sus abuelos y conquistadores de Granada, Los Reyes Católicos, para lo cual hubo que derribar un ala de un edificio musulmán. A pesar de esto, podemos pensar que quizás la nueva construcción contribuyó a preservar el resto del conjunto nazarí.
El encargado de la construcción de este singular palacio fue el toledano Pedro Machuca arquitecto y pintor formado en Italia, seguramente en el círculo de Miguel Ángel y que trabajó en esta construcción hasta su muerte en 1550.
La planta del palacio la conforma un cuadrado de 63 metros de lado con un patio circular inscrito en su interior. La inserción de un patio circular es una aportación totalmente novedosa que no tiene precedentes en la arquitectura del Renacimiento, y nos permite afirmar que fue uno de los edificios más innovadores de la época en que se construyó, convirtiéndose en uno de los primeros ejemplos a nivel europeo de la arquitectura manierista.
El edificio parte de la tipología de lo palacios florentinos surgidos en el siglo XV en la ciudad toscana que les da nombre pero aplicada, desarrollada y evolucionada ya en el siglo XVI en otras ciudades italianas y en especial en Roma. A diferencia de los palacios italianos que por lo general constan de tres plantas, incluida la baja, éste sólo consta de dos niveles: el bajo es de orden toscano completamente almohadillado, en cuyas pilastras se insertan grandes anillas de bronce decoradas. Entre las pilastras se abren altas ventanas rectangulares sobre las que aparecen otras circulares. El piso superior es de orden jónico y entre sus pilastras alternan también vanos adintelados con otros rematados por frontones triangulares. Sobre ellas, otra vez, aparecen pequeñas ventanas circulares. En el centro de las dos fachadas principales se sitúan dos portadas que destacan del resto de la fachada por el color gris claro de la piedra empleada en ellas. En el nivel superior de una de ellas observamos la temprana utilización del motivo serliano que consiste en un vano dividido en tres partes en el que las laterales están rematadas por dinteles sostenidos por columnas y la central con un arco de medio punto.
El patio circular de unos 30 m. de diámetro también está formado por dos pisos. En el inferior encontramos una columnata dórica formada por 32 columnas sosteniendo un entablamento muy ortodoxo, formado por triglifos y metopas en las cuales se alternan decoraciones de guirnaldas y bucráneos (Cráneos de carnero). El piso superior lo forma una columnata jónica, más ligera, con un friso liso.
El magnífico patio es una perfecta transposición de las formas renacentistas más puras a la península. Machuca consigue crear una imagen de un equilibrio, armonía, sobriedad y claridad formales inigualables. Los muros circulares de los claustros del patio se encuentran rítmicamente divididos por pilastras que se relacionan con las columnas del pórtico circular. Entre dichas pilastras se alternan hornacinas, ventanas y puertas que permiten el acceso a las diferentes dependencias.
Como hemos dicho, el Palacio De Carlos V es uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura del Renacimiento y su patio uno de los espacios más sublimes y singulares nunca construidos. Nunca antes se había insertado en un palacio un patio circular y sólo en 1560 Vignola en su Villa Farnese de Caprarola introdujo otro patio circular en loque fue también una novedosa versión de una villa de recreo.

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